En los días de Jesucristo, los judíos se encontraban bajo la dictadura del Imperio Romano. Con la pregunta: "¿Es lícito dar tributo a César, o no?", los judíos intentaron atrapar a Jesús en la explosiva lucha política. Jesús les contestó: "Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios" (Mateo 22:17-21). Así enseñó Cristo el respeto a las autoridades terrenales y la obligación de pagarles los impuestos que imponen.Cristo habló muy duro en contra de los ricos. Dijo: "difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos" (Mateo 19:23). Sin embargo, nunca habló de reorganizar la sociedad para eliminar la pobreza. Jesús jamás incitó al pueblo a organizarse en contra de la injusticia, sino exhortó: "No os preocupéis por lo que habéis de comer... vuestro Padre sabe que tenéis necesidad..." (Lucas 12:29,30).
Algunas personas consideran a Jesús como el primer comunista porque enseñó la comunión. Sí, enseñó la comunión, pero en el sentido de amar al prójimo y ayudar al necesitado. Esto nada tiene que ver con ciertas teorías económicas como el comunismo, el socialismo o el capitalismo. Cristo no se hizo partidario de ningún sistema económico.
Jamás se unió Cristo a la lucha de las clases. Zaqueo, un rico cobrador de impuestos, al escuchar el mensaje de Cristo, declaró: "La mitad de mis bienes doy a los pobres". Jesús le contestó: "Hoy ha venido la salvación a esta casa" (Lucas 19:8,9). Cristo jamás luchó para cambiar las leyes civiles. Al contrario, luchó para cambiar los corazones. Enseñó mucho sobre el deber de ayudar a los pobres, no por la fuerza, ni por el cambio del sistema político-económico, sino por medio de la buena voluntad.
Cristo rehusó entrar en la lucha por los "derechos humanos". Todo su interés lo puso en los deberes humanos. Cuando un hombre le suplicó: "Dí a mi hermano que parta conmigo la herencia", Jesús le contestó: "¿Quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?" Y les dijo: "Mirad, y guardaos de toda avaricia" (Lucas 12:13-15). Aquel hombre buscaba justicia social. ¡Cristo le exhortó contra la avaricia del corazón!
Una vez pretendieron las multitudes apoderarse de Jesús para hacerle rey. Pero Cristo rotundamente rehusó aceptar este poder político. Al día siguiente Jesús condenó a todos los materialistas, llámense comunistas, socialistas, o capitalistas, sean ricos o pobres. Dijo: "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece" (Juan 6:15, 27). Más tarde explicó: "Mi reino no es de este mundo" (Juan 18:36).
El reino de Cristo no es político; es espiritual, es del corazón. Cristo no vino para reformar a los gobiernos del mundo. Al contrario, Cristo vino para cambiar a los hombres individualmente. "Vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10). Vino a prepararnos para la muerte y el encuentro con nuestro Dios.
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